Mensaje de Su Santidad El Patriarca Ecuménico Bartolomé I



La celebración del Día del Medio Ambiente es una única oportunidad para toda la Humanidad de contemplar la incomprensible dimensión de la crisis medio ambiental. Esta oportunidad no solo se extiende personalmente a cada ciudadano del mundo, pero a la comunidad en su conjunto, a la comunidad empresarial y por supuesto a los líderes religiosos y políticos. Ha llegado el momento de renovar de raíz nuestra forma corriente de pensar y de reconsiderar los medios por los cuales interactuamos con este mundo único, el cual el Todopoderoso nos legó con la orden de "Trabajar y proteger". De ahora en adelante, no puede satisfacer a la Humanidad quitar del mundo natural lo que es necesario y provechoso. Pero la Humanidad debe mantener en todo su potencial la renovación del ecosistema natural por medio del enriquecimiento de nuestros recursos naturales. La Humanidad lamentablemente ha transgredido la orden Divina para la protección de la creación. Estamos experimentando los resultados de este comportamiento descuidado y codicioso, como espectadores débiles de voluntad acerca de las repercusiones de los catastróficos cambios climáticos. Observamos la contaminación de las aguas frescas y de los océanos, la pesca desmesurada, la pérdida de la biodiversidad, la desertificación del suelo, las catástrofes que suceden en los bosques debido a incendios mortíferos y muchas más expresiones de esta improcedente crisis medioambiental.
Nuestro Patriarcado, el cual simbólicamente celebra el primero de Setiembre el comienzo del Año Eclesiástico, como el Día de la Creación, hoy une su voz con las personas e instituciones sensibles y medioambientalmente activas en esta Tierra, independientemente de sus creencias religiosas o políticas.
Comprendamos, amados hermanos, hermanas y niños en el Señor, que cada uno de nosotros desde su propio lugar deber realizar el máximo esfuerzo para enfrentarse a la crisis medioambiental. Dejemos detrás cualquier diferencia o problema que pudiera haber separado pueblos y naciones a través del curso de la historia. Dejemos especialmente que el mundo desarrollado reconozca esta catástrofe y dejemos que brinde toda la ayuda económica y educativa en forma pródiga y desinteresada a esas naciones que diariamente se enfrentan al hambre y son desgarrados por la guerra civil. Recordemos que el peyorativamente denominado "Tercer Mundo", es decir, esos países quienes tienen falta de desarrollo económico, no mantienen solo riquezas culturales, pero también riquezas naturales, las cuales son cruciales para la salvación de nuestro planeta.

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