Bendita tú María, hija de los pobres
que has llegado a ser Madre del Señor de los reyes.
En tu seno habitó Aquél
de cuya alabanza están llenos los cielos.
Bendito tu pecho que lo alimentó con amor,
tu boca que lo arrulló
y tus brazos que lo estrecharon.
¡Tú eres un carro para llevar a un Dios de fuego!

San Efrén, el Sirio