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MI CAMINO HACIA LA FE ORTODOXA
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He de admitir, en primer lugar, que he dudado al escribir estas líneas. La razón ha sido pensar que esto podía suponer un exceso de protagonismo. También por un cierto temor al ridículo, pero finalmente me decidí a ello al considerar que tal vez podría ayudar a alguien que pase por una situación de búsqueda igual o parecida a la mía.
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Sirva de testimonio, no de un mérito personal, sino del Amor de Dios a todos los que buscan.
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Nací en una familia católica como la mayoría de mis compatriotas y cursé mis estudios en un colegio salesiano, primero en Alicante, mi ciudad, y más tarde en Barcelona , donde se trasladó mi familia.
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Desde muy joven me sentí llamado a la vida monástica, por lo que siendo aún adolescente ingresé primero en la orden cisterciense y años más tarde en la cartujana, lo que marcaría profundamente mi carácter.
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Más tarde comprendí que el claustro no era mi lugar y volví de nuevo con mi famila, esta vez a Alicante, donde estaba instalada mi madre tras el fallecimiento de mi padre. Fueron tiempos muy difíciles para mí en todos los sentidos, con una sensación de fracaso y abandono.
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Fue entonces cuando conocí al por entonces obispo anglicano D. Arturo Sánchez, que me tendió su mano y me ayudó a encauzar mi vida como miembro de la Comunión Anglicana, hasta ser ordenado presbítero en la misma y rector de la parroquia San Pablo en Alicante, de la cual fui fundador y a la que serví durante más de veinte años.
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Pero no debía ser éste mi hogar definitivo. Abandoné finalmente el anglicanismo en plena efervescencia de las consagraciones episcopales femeninas y me matriculé en el Seminario Mayor (Teologado) de mi ciudad, donde completé estudios durante dos años. Fue un tiempo de camaradería muy especial que yo valoro y agradezco.
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Finalmente, es en la Ortodoxia donde encuentro el cumplimiento de todas mis aspiraciones como cristiano y como monje sacerdote al servicio de una floreciente comunidad ortodoxa, donde me siento querido y respetado por todos, y donde he encontrado mi estabilidad personal, por la que bendigo constantemente al Señor.

1 comentario:

Mario Rovetto dijo...

Muy valiosa su sinceridad Padre Makario. Un proceso interior que se fue haciendo también exteriormente.

Un saludo fraterno en Jesucristo!